Miscelánea Nro. 103: "El monumento a Sarmiento realizado por Rodin"
Resumen
Hacia el año 1894 se decide homenajear al ex presidente Domingo Faustino Sarmiento con un monumento que se erigiría en la Ciudad de Buenos Aires. Se nombra una comisión que establece las bases de cómo debería ser la obra y el presidente de dicha comisión viaja a Francia para encargarle la obra a August Rodin, para ese entonces el más afamado y discutido escultor de ese país.
En este su único encargo que hace para el extranjero, Rodin en su doble escultura -el Sarmiento y el Apolo de la base- aúna con expresividad y genio lo icónico y lo simbólico sin desmedro de ninguno de los dos elementos. Para la mentalidad de los que hacían y pensaban el país en esa época los monumentos debían conformar un imaginario patriótico donde el mensaje tenía que ser claro, contundente y fácil el reconocimiento e indentificación con el pesonaje representado.
La obra de Rodin no cumplía con esos parámetros. Cuando en 1900 se inauguró el monumento, las protestas y voces indignadas se hicieron oír en varias publicaciones. Lo mismo le había ocurrido al escultor con su Balzac presentado en París unos años antes.
Rodin ofrece modificar el rostro de Sarmiento que es donde se concentraban las críticas pro el no parecido. Por suerte para la historia esto no sucedió.
Abstract
In 1894, the government decided to pay homage to former president Domingo Faustino Sarmiento with a monument to be displayed in Buenos Aires.
The permises on which the monument should be built were established by a committee formed for that purpose. August Rodin, the most popular and controversial sculptor in France at that time, was chosen for the work and the president of the committee travelled to that country to entrust, Rodin with the task.
This work, the only one Rodin was ever commissioned by a foreing country, is a double sculpture - Sarmiento and Apollo at the base, and it gathers both the iconic and the symbolic with equal expressiveness and genius. But in the mind of who made and thought the country at that time, monuments had to conform a patriotic imagery with a clear and straight message recognising and identifying the represented character.
Rodin's: his Balzac presented in Paris.
Rodin offered to modify Sarmiento's face, target of most of the criticism, due to the fact that it bore no resemblance to the man. But, fortunately for history, this would not happen.